Pola de Somiedo

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Rutas en Pola de Somiedo.

Que visitar en Pola de Somiedo.



Rutas a caballo
El concejo de Somiedo es montañoso y esta situado en la zona sur-occidental de la región en el límite con la provincia de León por su parte meridional, y que está encuadrado todo ello dentro del parque natural homónimo.
Limita al norte con Belmonte de Miranda, al este con Teverga, al oeste con los concejos de Tineo y Cangas de Narcea y al sur como ya comentamos anteriormente con León, donde actúa de límite la cordillera cantábrica.
Es uno de los concejos con mayor extensión de Asturias, con 291,4 km2 y su población actual es de 1.616 habitantes.
Todas sus comunicaciones se articulan en torno a la comarcal AS-227, que atraviesa el concejo de norte a sur, llegando hasta la vecina provincia de León.
Desde el punto de vista geológico el territorio está enclavado en una unidad conocida como el Manto de Somiedo, en la cual está representada toda la serie estratigráfica paleozoica Asturiana, desde pizarras, areniscas, cuarcitas hasta las calizas.
La desigualdad litológica origina una competencia distinta que determina un relieve diferencial que ha modificado la actual red hidrográfica que se abre camino entre los niveles duros cavando varios desfiladeros a lo largo de su curso.
La topografía es una de la más accidentadas de todo el Principado de Asturias, teniendo alturas importantes, sucediéndose frecuentemente a lo largo de la superficie, las elevaciones y las depresiones. Las sierras arrancan de la cordillera cantábrica en dirección sur-norte.
De esta sierra destacan los picos del Cornón con 2.194 metros y la Peña Orniz con 2.190 metros.
En la parte oeste del concejo en el límite con Tineo y Cangas se encuentra en dirección norte la sierra de la Serrantina, que continua con la sierra de la Cabra. Paralela a La Serrantina vemos la sierra de Perlunes unida por el sur con el Páramo.
Más al este del cordal del Perlunes distinguimos Peñavera, Peña de Valdepuerco, Brañeta y Palomar.
En una zona más oriental y más al centro encontramos Peñalba, Condiellas y Llampaza. En el límite con Teverga tenemos los cordales de La Mesa y Cueiro.
En la parte suroriental están Bobia, Tarambico y Camayor y ya en la parte septentrional encontramos la sierra de la Buestariega.
Toda esta sucesión de cordales delimitan los inmensos valles del municipio y que son estos: El valle de Somiedo, el Valle del Pigüeña, el Valle del Lago, Saliencia y Las Morteras.
El sistema hidrográfico de Somiedo lo representan los ríos que dan lugar al nombre de los Valles, teniendo la particularidad de que una parte del terreno que drenan, va a verter sus aguas a través del arroyo del puerto, al océano atlántico.
Los ríos Saliencia, Las Morteras y del Valle, nacen en la parte norte de la cordillera cantábrica y ceden sus aguas al río Somiedo que a su vez las fluye en el Pigüeña.
Casi la totalidad de la red hidrográfica de Somiedo es aprovechada para su transformación en energía eléctrica en las centrales de la Riera, La Malva y Miranda. Por otra parte hay que destacar que el modelado glaciar de las áreas a mayor altitud del Parque ha dado lugar a frecuentes cubetas de excavación que albergan lagos, lagunas o turberas, mostrándonos paisajes naturales de una gran belleza.
Respecto a su clima, hay que destacar que éste es oceánico, con abundancia de nieblas, humedad y lluvias. La elevada altitud media del concejo le concede algunas características de continentalidad, pudiendo afirmarse que se encuentra en una zona de transición entre el clima templado de Asturias y el continental de la meseta.
Elemento importante de Somiedo es la permanencia de las nieves durante gran parte de la estación invernal.
Su vegetación es una de la más ricas de todo el principado, mostrándose bosques de hayas, que se dan en las zonas umbrías de las laderas y entre las que se encuentran incluidas especies protegidas como el acebo y el tejo. También podemos ver manchas de robles, abedulares y carrascales.
En las zonas silíceas menos lluviosas observamos los rebollares y en los aluviales de las vegas las alisedas.
Además de todas estas especies de árboles es frecuente la aparición de matorral en las partes más altas de las montañas, donde no hay lugar para vida vegetal más rica.
También su fauna es una de las mayores de todo el Principado de Asturias teniendo todo el parque una de las más grandes reservas de osos pardos, últimamente cada vez más escasos.
Otras especies que habitan en el suelo de Somiedo son los urogallos, venados, jabalís, rebecos, corzos, lobos, liebres, nutrias y aves como el alimoche, el halcón peregrino y el águila real.

Pote de Berzas

Gastronomía:

El concejo de Somiedo a adquirido una merecida fama gastronómica ayudado por el conjunto de distintos factores: las condiciones naturales, la confluencia de culturas, el contacto con la cercana provincia de León concretamente de la montaña leonesa, etc.
Las materias primas de la cocina del concejo tradicional procedían, fundamentalmente, de la huerta y, en mayor medida, del cerdo o gocho (cuya matanza, el samartino, continúa manteniendo su ritual).
El exquisito pote berzas cocidas con patatas (patacas) y el no menos fuerte pote de nabizas, ambos con acompañamiento del compango (chorizo, morcilla, tocino...), son dos de los platos estrella.
Los embutidos de la zona, por su parte, garantizan una variedad y calidad admirables.
Dentro de capítulo de carnes, asombra la extraordinaria carne roxa, criada en los puertos, fundamento de sublimes recetas.
Una aportación sobresaliente de los pastores trashumantes de Extremadura a la riqueza gastronómica somedana es el frite, fritada o caldereta de cordero o cabrito; aquéllos «cocían la carne con agua, aceite, ajo, perejil, cebolla, pimentón, y vino blanco para freírla a continuación»
Las piezas cobradas en la temporada de caza, concretamente rebeco, corzo y jabalí, tienen, también, gran aceptación entre los amantes de la buena mesa; se preparan bien cocidos con patatas, mientras el jabalí, además, es preparado en El Valle de forma parecida al frite.
No les van a la zaga en exquisitez las riquísimas truchas de sus ríos, fritas bien solas o con tocino.
Pero las buenas propuestas van una detrás de otra: panes de escanda y trigo, empanadas con rellenos varios, chanfainas, miel y polen del lugar, castañas asadas o cocidas con leche o vino, quesos...
Y como no los maravillosos postres de estas tierras son la mejor guinda a toda buena comida: el popular arroz con leche, requemado con un gancho calentado al fuego; el dulce de leche, crema hecha con leche cocida y azúcar; las galletas de la nata de la leche, fritas en aceite o cocidas en el horno, que llevan nata bien batida, azúcar y harina; la tortilla de leche; el requeisón (requesón) o cuachada (cuajada); los freisuelos, tortas dulces y finas, propias del antroido o carnaval, elaboradas con harina de trigo, leche y huevos, que llevan por encima un ligero baño de azúcar y se presentan a los comensales ya listas para enrollar, ya enrolladas en espiral; los florones, una variedad de los freisuelos; las queisadietchas o bollinas, pastas típicas de Nochebuena hechas a base de harina de trigo, agua y mantequilla, que llevan relleno de nueces o avellanas, y azúcar, friéndose todo ello seguidamente; los mazapanes o bizcochos; o los borrachinos, preparados con migas de pan y huevo batido, fritos a cucharadas, cocidos luego con leche o vino blanco, y finalmente enriquecidos con azúcar y canela.